Sobre ser Judío

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Rav SacksCartas para la próxima generación – Carta 5

Por: Rav Lord Jonathan Sacks. Todos los derechos reservados ©

SARA, DAVID, a veces se preguntarán por qué a su madre y a mí nos importa tanto ser Judíos. Es una pregunta válida, y esta es mi sincera respuesta:

hace mucho tiempo, de alguna manera, los Judíos fueron tocados y transformados por una verdad más grande que ellos mismos.

Fueron los primeros en encontrar a D-s como una presencia en todas las cosas del universo y mas allá de él. Eso cambió todo por­que si solo hay un D-s, y todo ser humano está hecho a Su imagen, significa que todo ser humano posee una dignidad no negociable, significa que la vida humana es sagrada y significa que en última instancia somos todos iguales. Y si el universo es la libre creación de un D-s libre, entonces nosotros, en Su imagen, también somos li­bres. De allí fluyó el sistema que llamamos moral y todas las respon­sabilidades que conlleva tanto en lo personal como en lo colectivo.

Los Judíos fueron el primer pueblo en comprender el signi­ficado de la responsabilidad y la libertad humana, los primeros en concebir una sociedad de dignidad igualitaria, los primeros en com­prender que los derechos son más importantes que la fuerza, y otra serie de percepciones que eventualmente revolucionó la civiliza­ción occidental. El Judaísmo inspiró otras dos religiones: el cristia­nismo y el islam, cuyos fieles representan más de la mitad de los seis mil millones de habitantes que hay en el mundo. Incluso los Judíos que se rebelaron contra el Judaísmo cambiaron el mundo al hacerlo: Spinoza, el fundador del liberalismo político, Karl Marx, el revo­lucionario, y Sigmund Freud, el doctor del alma. Creo que los tres estaban profundamente equivocados, pero todos fueron profundos.

Y hoy en día, el Judaísmo es tan relevante como siempre lo fue. Personas que no son Judías admiran el Judaísmo por la forta­leza de nuestras familias y comunidades, nuestro compromiso con la educación y la excelencia de nuestras escuelas, el énfasis que hacemos sobre la jesed (bondad) y la tzedaká, sobre los actos de bondad y generosidad. La opinión Judía es consultada en cuestiones médicas, sociales y de ética comercial. La gente respeta el Judaísmo por su sabiduría y su entendimiento. Posee integridad sin fanatismo, posee principios fuertes pero no busca imponérselos a otros y tiene humor y humanidad.

Por supuesto, el Judaísmo es exigente. Hay tantas leyes, tantos detalles, que a veces se puede perder la percepción del cuadro com­pleto. Es como los primeros impresionistas franceses. Al principio, lo único que veía la gente eran pinceladas y caos. Tuvo que pasar un tiempo para que comprendieran que Monet, Renoir, Pizarro y el resto de estos artistas capturaban el juego de luces sobre la su­perficie y crearon una nueva forma de ver las cosas. El Judaísmo puede parecer una nebulosa de leyes y costumbres, hasta que uno comprende que es una nueva forma de vivir. Halajá, la ley Judía, se trata de traducir los más altos ideales en lo más simples los actos.

He aquí la paradoja: la mayoría de las personas creen que más gente se mantendría en el Judaísmo si éste fuera más fácil, menos exigente. ¿Por qué tantos mandamientos, un total de 613? ¿No sería mejor hacer que ser Judío fuera más simple?

Veamos. Piensen en Pésaj, Shavuot y Sucot. ¿Cuál de las tres la cumplen un mayor número de Judíos, aproximadamente? Más personas cuidan Pésaj que Sucot y más personas cuidan de Sucot que de Shavuot. Esto es así en cualquier parte del mundo Judío.

Ahora pregúntense cuál es más exigente. Pésaj es la más di­fícil sin lugar a dudas: implica limpiar la casa, limpiar a fondo la cocina, usar vajilla especial, y muchas otras cosas. Luego sigue Su­cot: se debe comprar lulav, etrog y hacer una sucá. No cabe duda que la más fácil de todas es Shavuot, que no implica ningún mitzvá especial, salvo que consideren quedarse levantados hasta tarde la primera noche para el Tikún. Entonces, cuanto más difícil de seguir es la festividad, más personas la mantienen.

Ahora piensen en el día más difícil de todos, uno en el que no se come ni se bebe, no se celebra ni se festeja alegremente, se pasa el día entero en la sinagoga para reflexionar acerca de lo que hicimos mal. Uno pensaría que es la fórmula perfecta para que nadie lo siga.

Pero, por supuesto que lo que sucede es completamente lo opuesto. Iom Kipur, el día en que suceden todas esas cosas, es el día en que más personas van a la sinagoga en comparación con cual­quier otro día del año.

Parece ilógico pero es cierto: lo que más valoramos es lo que nos resulta más exigente. Se cumple con respecto al estudio, al tra­bajo y al deporte, y también se cumple en las cuestiones espirituales. Lo que nos cuesta poco, lo apreciamos poco; lo que más nos importa es aquello que obtuvimos con sacrificio. Si el Judaísmo fuera más fácil, ya habría desaparecido hace mucho tiempo.

Sin duda que ser Judío es un privilegio. Proporcionalmen­te nuestro pueblo ha contribuido a transformar el mundo más que cualquier otro. Hay maneras más fáciles de vivir, pero ninguna más desafiante. D-s espera grandes cosas de nuestro pueblo y eso es lo que hace grande a nuestra gente.

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